domingo, 17 de agosto de 2008
Experimentación afectiva I
sábado, 16 de agosto de 2008
Resumen Experimentación afectiva I
y sentarme

Del baño en el Chopo
Primero cedimos ante el impedimento social de compartir un baño. Después, entre cuestiones fisiológicas e ideológicas decidimos entrar y rompimos la regla. Al salir, la reacción de la recepcionista, me pareció que intentó enseñarnos a comportarnos. Por la condición en que estábamos más que molestarme me pareció algo absurdo, supongo que no supo como reaccionar ante dos personas mayores de veinte años que para ella no sabían que un baño era para hombres y otro para mujeres.
Del viaje en el metro
Se puede hacer un análisis sobre la parte activa y pasiva de la pareja. Melissa es una persona con más energía que yo, anda para todos lados como conejillo. No le he preguntado si me escuchó cuando le dije que me quería sentar. Sí me senté por cansancio, pero también fue por no seguirla, ahora que lo pienso con más calma fue como tratar de recordarle que íbamos juntos, que no podía ir a cualquier lado sin tomarme en cuenta, de repente es como si hubiera un nuevo ser, que no es Melissa ni Caleb, es una fusión, Meleb, Calissa, jajaja cómo quieran llamarlo. Hubo momentos durante el día que yo también olvidaba que íbamos atados y caminaba sin tomar en cuenta el cordón.
De los ejercicios en Bellas Artes
Llegamos unos minutos tarde a la cita, al no ser contactados por alguien, nos tomamos una foto. Esperamos y nadie llegaba. Entonces Melissa tuvo la idea de grabarnos haciendo ejercicios que consistían en acercarnos y alejarnos forzando el cordón a estirarse al límite. Fue doloroso y rozamos nuestros cuellos. El cordón resistió y no reventó. En una ocasión Melissa comenzó a jalar sin que yo me diera cuenta, intenté seguir avanzando pero no pude y tuve que hacerle una señal para que se detuviera (es la parte en el video en que me estoy acercando a la cámara). ¿Qué tanto se puede resistir la tensión?
Del baño
Creo que de aquí lo más interesante es ver cómo nos adaptamos a la situación. Hasta ese momento se nos ocurrió que hubiera sido más sencillo usar camisa que playera. Necesitábamos bañarnos y no podíamos quitarnos las playeras, pero tampoco podíamos salir mojados a la calle, tal vez si hubiera sido en un lugar más cálido o playero lo hubieramos hecho. No importa a quién se le ocurrió, Melissa dice que a ella y yo digo que a mí, lo importante es que lo resolvimos, mientras uno se bañaba el otro esperaba fuera cuidando la ropa.
De la sastrería
Otra vez las ganas de ir al baño, Melissa quería ir al baño y estaba casi segura que en el restaurante no nos iban a dejar entrar juntos. En la calle vimos una sastrería y el señor amablemente nos prestó el baño. Yo esperé afuera del baño mientras Melissa hacía lo que tuviera que hacer. Me pusé a platicar con el sastre, nos despedimos y nos fuimos. No hay mucho que reflexionar al respecto, pero fue una experiencia agradable.
Del final
No nos dimos cuenta que ya habían pasado 10 minutos. ¿Estabamos tan cómodos juntos que no nos percatamos? ¿Nos acostumbramos al cordón? Prestamos mucha atención en empezar a tiempo pero no a terminar, ¿cuánto tiempo podríamos durar así? Seguí sintiendo el cordón en mi cuello días después de que nos lo quitamos.
DCaleb

viernes, 15 de agosto de 2008
Experimentación Afectiva I

En cuanto a lo que pasó, cómo pasó y en particular que fue lo que pre-sentí, sentí y lo que se quedó en mí como una sensación posterior a la acción.
En esta pieza en particular y dentro de mi concepción individual, tanto antes como durante, cada elemento, acción y situación del performance fue para mi una metáfora directa de lo que significa una relación amorosa con sus bellezas, sus rarezas y sus pocos pero fatales, profundos y oscuros abismos. Sí es o no prudente llamar fatal y oscuro al amor es una discusión que prefiero ahorrarme por este momento, simplemente para mí lo es.
Cuando estábamos planeando lo que haríamos me invadía una emoción bipolar, un ardor seguido de escalofríos y creo que esto se debe a mi temor por los elementos externos, reacciones ajenas a nosotros que influyen totalmente tanto en el performance como lenguaje, en nosotros como ejecutantes y como re-accionistas dejando ver a partir de eso por medio de nuestro comportamiento un rol de pareja y a veces un rol amoroso, los cuales se vuelven receptores-transmisores cambiantes por sí mismos y ajenos de alguna forma a nosotros como individuos, es toda una serie de afectaciones.
El 2 de julio comenzamos muy puntuales, tomamos ese cordón elástico rojo y cada uno lo ató a su propio cuello, como materializando de alguna manera esa unión afectuosa a la que honramos y debemos ciertos sacrificios y placeres. Llegué a sentir un poco de miedo minutos antes de hacerlo, estaba segura que sería algo difícil, me sorprendía la valentía de Caleb, así que la adopté para mí misma.
Lo que pasó después me sigue pareciendo increíble: teníamos demasiado sueño, habíamos tenido una semana cansada y al momento de dormir saltó un inconveniente, dormirnos los dos con un cordón delgado y resistente uniéndonos del cuello podía ser o por lo menos fue considerado por nosotros un poco riesgoso así que decidimos que uno de los dos dormiría mientras que el otro “vigilaba” para luego cambiar lugares…, como dije teníamos DEMASIADO sueño. Por alguna razón que no recuerdo Caleb durmió primero, pero más o menos tres horas después ya no soporté el cansancio y me quedé dormida.
Esto puede hablar de muchas cosas y me gusta tomar cada reacción como base para reflexiones sobre nuestro propio comportamiento como seres que comparten, y no me refiero solamente al de Caleb y el mío, sino en general, es decir no todas las personas se hubieran comportado como nosotros, pero posiblemente podrán sentir empatía, preguntarse qué hubieran hecho o en qué se relacionan nuestras actitudes con las suyas, actitudes que posiblemente sean similares; volviendo al evento mi primera interpretación fue un poco apocalíptica (hablo sólo del momento en que me quedé dormida):
1. Nos encontramos con un conflicto 2. Le asignamos una respuesta responsable que requiere cierto sacrificio de ambos, pero que asegura nuestra protección y trascendencia
3. Ponemos en práctica tal respuesta que a su vez nos genera otro conflicto, conflicto que se transformó después de la plática en comunidad en una decisión individual 4. Por último una decisión que mandó toda la idealización al diablo ya sea por simple capricho o por necesidad, para el fin que buscamos las razones no importan, sino el comportamiento y todo lo que fluya de él.
Es decir preferir dormir que tomar en cuenta el riesgo y cuidarnos el uno al otro, aun que ahora que he repensado más acerca de eso, me he dado cuenta que también se denota en esta actitud algo más sublime: la simple confianza (o no se como se determina esto) en el otro para aceptar el riesgo y disfrutar con él, disfrutar de hecho en él sin tomarle importancia o en todo caso prefiriendo la parte agradable de la circunstancia, la parte que envuelve y que te permite dormir sin molestia alguna.
Entre estos conflictos y respuestas se están denotando nuestros sentimientos, riesgos, sacrificios, necesidades, capacidades-incapacidades, posibles satisfacciones y seguramente más cosas de las que no nos percatamos y todo he querido verlo en la misma forma: como proyecciones, metáforas inconscientes de nuestra relación a ella misma.
Al final del día pasamos más tiempo del planeado con la atadura al cuello y las etapas fueron más rápidas de lo que imaginábamos: tardamos en darnos cuenta de ella manejando con cierta frustración nuestros movimientos, luego llegamos a equilibrarnos y sincronizarnos sin tener que hablar para trasladarnos, hasta ser temporalmente parte de nosotros lo suficiente para olvidarnos por instantes de que la traíamos puesta.
En cuanto a lo que dejó en nosotros: lo primero es sentirse fue la sensación de continuar atados, incluso cuando regresé a Monterrey y que tenía ya tiempo sin ver a Caleb (quien había viajado horas después del performance) aun sentía que no podía alejarme mucho de él, se quedó la inercia, una especie de atracción inquietante. Físicamente nuestros cuellos quedaron rosados y en mi caso un poco rasguñado, no sólo la acción de atarnos y vivir la experiencia las veinticuatro horas con todas esas particulares situaciones habla, sino también nuestro cuerpo y en particular nuestros cuellos que han quedado como testigos al final del día, al momento de retirar la unión.
Melissa García
